miércoles, 16 de marzo de 2022

De compromisos y traiciones

 "Nadie luchará por nosotros. Debemos defendernos solos"

Volodomir Zelenski, presidente de Ucrania                    




El 5 de diciembre de 1994 se firma el Memorándum de Budapest. Sus signatarios: la Federación Rusa, Ucrania, Gran Bretaña y Estados Unidos. Luego se agregó Francia.

En síntesis: Ucrania acuerda la entrega a la Federación Rusa de la totalidad de misiles y cabezas nucleares instalados en su territorio.

Como contrapartida, la Federación Rusa, el Reino Unido y los Estados Unidos garantizan a Ucrania el pleno ejercicio de su independencia y soberanía dentro de las fronteras existentes.

La Federación Rusa, el Reino Unido y Estados Unidos se comprometen a no realizar amenazas o uso de fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de Ucrania.

Ucrania, por su parte, se adhiere al Tratado de no Proliferación de Armas Nucleares.

¿Cómo creer en compromisos contraídos por Rusia? ¿Cómo, con los otros dos países “garantes”?

Ucrania está siendo masacrada con argumentos caprichosos y que -en todo caso- nada tienen que ver con los compromisos vigentes. Rusia anexó por la fuerza la región ucraniana de Crimea en 2014, violando las “fronteras existentes” que se comprometió a garantizar. Apoyó a los rebeldes de Donbás y a sus dos republiquetas separatistas. Y por último lanzó sobre Ucrania la masacre más salvaje que se conozca en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

No realizó ninguna denuncia previa en las Naciones Unidas. No desató ningún procedimiento diplomático expresando su retiro del Tratado -que tampoco podía hacerlo, de acuerdo a las normas de Derecho Internacional, salvo que devolviera las armas nucleares que Ucrania le entregó-. Actuó con un inconmensurable cinismo al decidir la invasión mientras alegaba que eran sólo maniobras y que se desescalaba. Luego de concretada su invasión armada fue el voto -el único- que “vetó” la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas requiriendo el fin de la agresión. Y para culminar, exhortó públicamente a los militares ucranianos a dar un golpe de estado contra el gobierno constitucional de su país.

La OTAN, por su parte, acusada de “avanzar hacia el Este”, no es una organización militar ofensiva sino defensiva, por propia definición estatutaria, de acceso libre y que -en todo caso- si de algo puede acusársela no es de avanzar sino de no avanzar ante los reiterados pedidos de incorporación de Ucrania.

Los países que integraban la ex URSS sumados a la OTAN lo hicieron por propia voluntad, en la convicción de que su seguridad estaría más protegida ante el histórico expansionismo ruso, que hunde sus raíces en la historia. En especial, el recuerdo del convenio entre Rusia y la Alemania nazi en 1939, por el que se dividieron Polonia por mitades, pero también la histórica expansión agresiva de la Rusia Zarista. Los hechos les están dando la razón. Es imaginable el destino que hubieran corrido los países bálticos, por ejemplo, si no contaran con ese paraguas.

Mientras Europa impulsaba la creación de un super-estado pacífico, democrático y de derecho, descuidando incluso su propia defensa y estableciendo lazos económicos de cooperación con la propia Rusia, la dictadura que rige en ese país desarrollaba su plan armamentista con  trasnochada vocación imperial.

No cabe entonces ninguna victimización rusa. No la apoya la historia, ni el derecho internacional, ni los intereses de sus países vecinos, ni la más básica moral humana. Un dictador sin límites se ha transformado en un terrorista que usa el chantaje nuclear para sus trasnochados objetivos. Agrego: oprimiendo además, las libertades de sus propios ciudadanos.

Y por lo tanto, no cabe ninguna duda: hay que frenarlo. 

La responsabilidad primaria es de los países que firmaron el Memorandum de Budapest asumiendo compromisos que no están cumpliendo. 

La segunda, de las Naciones Unidas, que no pueden mirar para otro lado cuando uno de sus países miembros, con gobierno legítimo, es invadido militarmente. 

En tercer lugar, la propia OTAN, cuya demora en aceptar a Ucrania como integrante ha provocado su indefensión ante un enemigo con dimensión de potencia nuclear. 

Y en cuarto, de los países que se declaran “neutrales” ante una violación tan flagrante del derecho internacional, la exaltación del uso de la fuerza y la prepotencia militar que parecía terminada luego de la Segunda Guerra Mundial y la creación de las Naciones Unidas. Serán coautores y cómplices del retorno a un mundo sin normas, apoyado sólo en la fuerza, en el que nadie podrá sentirse seguro.

Ricardo Lafferriere                

 Anexo: 

Memorándum de Budapest.

Memorándum sobre garantías de seguridad en relación con la adhesión de Ucrania al Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares

Budapest, 5 de diciembre de 1994

Ucrania , la Federación de Rusia , el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América ,

Acogiendo con beneplácito la adhesión de Ucrania al Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares como Estado no poseedor de armas nucleares,

Teniendo en cuenta el compromiso de Ucrania de eliminar todas las armas nucleares de su territorio en un plazo determinado,

Tomando nota de los cambios en la situación de la seguridad mundial, incluido el final de la Guerra Fría, que han dado lugar a las condiciones necesarias para reducciones profundas de las fuerzas nucleares,

Confirme lo siguiente:

 

1.     La Federación de Rusia, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América reafirman su compromiso con Ucrania, de conformidad con los principios del Acta Final de la CSCE , de respetar la independencia y la soberanía y las fronteras existentes de Ucrania.

2.     La Federación Rusa, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América reafirman su obligación de abstenerse de la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de Ucrania, y que ninguna de sus armas usarse contra Ucrania, excepto en defensa propia o de otra manera de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas .

3.     La Federación de Rusia, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América reafirman su compromiso con Ucrania, de conformidad con los Principios del Acta Final de la CSCE, de abstenerse de toda coacción económica destinada a subordinar a su propio interés la ejercicio por parte de Ucrania de los derechos inherentes a su soberanía y, por lo tanto, obtener ventajas de cualquier tipo.

4.     La Federación de Rusia, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América reafirman su compromiso de solicitar la acción inmediata del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para brindar asistencia a Ucrania, como Estado no poseedor de armas nucleares parte del Tratado de la no proliferación de las armas nucleares, si Ucrania se convierte en víctima de un acto de agresión o en objeto de una amenaza de agresión en la que se utilizan armas nucleares.

5.     La Federación de Rusia, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América reafirman, en el caso de Ucrania, su compromiso de no utilizar armas nucleares contra ningún Estado no poseedor de armas nucleares que sea parte del Tratado de No Armas Nucleares. -Proliferación de Armas Nucleares, excepto en el caso de un ataque contra ellos mismos, sus territorios o territorios dependientes, sus fuerzas armadas o sus aliados, por tal estado en asociación o alianza con un estado poseedor de armas nucleares.

6.     Ucrania, la Federación Rusa, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América se consultarán en caso de que surja una situación que plantee una pregunta sobre estos compromisos.

Este Memorándum será aplicable a partir de su firma.

Firmado en cuatro copias con igual validez en los idiomas ucraniano, inglés y ruso.

 


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