viernes, 8 de mayo de 2026

¿Nuevos bloques estratégicos?

Paulatinamente, parecen estar dibujándose en el plano global nuevos alineamientos estratégicos que de concretarse dejarán una escena planetaria sustancialmente distinta a la bipolaridad de la guerra fría y la unipolaridad americana que la sucedió.

Un hecho que pasó relativamente desapercibido ha cambiado sustancialmente la percepción sobre la secular tensión en el medio oriente y tendrá efectos globales. En el marco de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, el país más golpeado por Irán -luego de Israel- fue Emiratos Árabes Unidos (EUA): 550 ataques misilísticos y 2200 ataques con drones-.

Un ataque de un país árabe contra otro. Lo singular fue que una defensa fundamental de EUA fue realizada por el sistema “Iron Drome” (Cúpula de acero), que le fuera facilitado por Israel a raíz de un pedido realizado por el presidente emiratí Mohamed bin Zayed al primer ministro Benjamín Netanyahu. El ataque de un país árabe contra otro fue neutralizado por Israel, apoyando la defensa del segundo.

El tema no quedó allí: constituyó el primer despliegue del sistema de defensa israelí fuera de su territorio, y no se limitó a ello. EAU recibió, por disposición de Netanyahu, un sistema de vigilancia avanzado, la articulación de sus sistemas de inteligencia, y un sistema láser “Iron Beam”, de gran efectividad en la intercepción de drones.

El medio oriente se reconfigura alrededor de los acuerdos “Abraham”, impulsado por Trump en su anterior mandato, cuyo objetivo es reorganizar ese espacio sobre la base del acuerdo entre los países árabes moderados e Israel, en fuerte coincidencia con Estados Unidos.

El avance de este proyecto es coherente con el retiro parcial del poder americano en Europa, que para el país del norte ha dejado de ser una prioridad estratégica y al que considera en condiciones de “defenderse sola” de un eventual ataque ruso, del que la inteligencia de EEUU descree. Tan solo le interesa de Europa su zona norte, por su cercanía con las nuevas rutas marítimas polares que se están abriendo y se abrirán como efecto del calentamiento global y el derretimiento de gran parte de los hielos árticos.

En ese marco, las bases americanas en el centro y sur de Europa reducen su importancia estratégica y pueden ser reemplazadas por nuevos asentamientos en el nuevo espacio estratégico del norte de África y medio oriente. La circulación por el Mediterráneo y Suez puede ser custodiada desde países que Estados Unidos está construyendo como nuevas amistades estratégicas y configurando un importante bloque regional de poder. Su mirada en la construcción de “poder duro” no se dirige ya al viejo rival de la guerra fría, al que considera en inexorable decadencia y que no tendría siquiera en cuenta si no contara con el poder nuclear residual del que dispone.

Si estos supuestos avanzan -y los hechos parecieran indicar que sí- la fragmentación estratégica de Europa se haría cada vez más patente. Un norte más cercano a Estados Unidos, un centro industrial apuntando a su reindustrialización y a desarrollar un sistema defensivo tomado en sus manos y menos dependiente de Estados Unidos, y un sur sumergiéndose en un conflicto que no asume, el de su creciente islamización golpeando su convivencia con valores extraños liderados por el extremismo integrista de Hamás, los Hermanos Musulmanes, Hezbollah, las células iraníes “dormidas” y la creciente influencia electoral de los inmigrantes. El destino de la Unión Europea se ve cada vez más incierto. Por ahora, “cruje” y no se ven estadistas del nivel de los que la construyeron, en la segunda mitad del siglo XX.

La migración indiscriminada musulmana inducida por el gobierno hispano para utilizarla en la lucha política española recuerda a la historia de los nobles españoles que en el 711 se levantaron contra el rey Rodrigo e invitaron a Musa ibn Nusayr, gobernador musulmán de Ifriquiya -actual Túnez y partes de Libia y Argelia-, a cruzar el estrecho de Gibraltar con su ejército para vencer a Rodrigo y luego se fueran. Cruzaron, vencieron a Rodrigo, pero se quedaron 700 años.

Hoy, Marruecos está en mejores relaciones con Estados Unidos que España. Italia, a su vez, no termina de definir su futuro, tironeada a tres bandas por la Europa franco-alemana, por su lazo histórico con Estados Unidos y por la presencia de la numerosa colectividad musulmana -sobre la que ya advirtiera, hace casi tres décadas la recordada Oriana Fallaci- y cuya fuerza electoral puede decidir quién gobierna Italia.

En el lejano oriente, EEUU mantiene una estrategia bipartidista -a pesar de los curiosos discursos antidemócratas de Trump- consistente en reforzar su línea de aliados de primer nivel -Japón, Corea del Sur, Taiwán- con el propósito de evitar la expansión y dominio marítimo de China fuera de su cinturón de islas. Y China prosigue su tenaz tarea de impulsar su comercio y acercarse a los mercados globales para apoyar en ellos su desarrollo, a la vez que impulsa su fuerza militar y su desarrollo tecnológico, ambos aspectos en los que encuentra aún lejos de su rival.

Esta reconfiguración apunta a desembocar en dos grandes bloques globales, alrededor de los liderazgos de Estados Unidos y de China, que paso a paso construyen su “poder duro”, aún dentro del marco de tolerancia recíproca soldada por sus intereses comunes, que de hecho existen. Empresas chinas realizan muy buenos negocios en Estados Unidos, y la recíproca es tan cierta como que fue la economía americana la que, luego del viaje de Nixon en 1972 y la decisión del XII Comité Central del PCChina en 1978, financió su exitosa modernización.

Detrás quedarán la Europa fragmentada y el sueño imperial de Rusia. Sus limitaciones e impotencia en el ajedrez mundial las ubicarán como satélites de uno u otro de los bloques, sin olvidar la pujante presencia de la India, jugador que con inteligencia sortea las coyunturas aprovechando las necesidades de unos y otros para superar sus desigualdades y construir su gran salto adelante.

Ricardo Lafferriere